jueves, 25 de octubre de 2012

Capítulo 1

Era un mes de Octubre más caluroso de lo habitual. Llovió muy poco y casi siempre hacia sol y una temperatura constante. Harry, Nick y Allie volvían de un día de colegio muy aburrido. Tenían la ventaja de que eran vecinos y se acompañaban a casa. Nick y Allie eran unos chicos de 15 años y eran además mellizos y Harry era su mejor amigo desde los 6 años. Allie era una chica muy mona, morena de pelo rizo y largo, tenía los ojos verdes y una piel muy blanquita. Su hermano Nick era  rubio a diferencia ella, pero sus ojos eran iguales. Nick era más alto que su hermana y su piel mucho más morena; el tenía unos brazos fuertes ya que todos los Lunes, Miércoles y Viernes practicaba artes marciales.Allie y Nick se llevaban bien por lo general, pero como todos los hermanos tenían sus pequeñas disputas. A Allie le fastidiaba mucho que su hermano se chuleara de su estatura ya que Allie nació la primera y era más baja que él, pero lo que a veces le enfadaba mucho eran los comentarios de sus amigas hacia su hermano: “Jo, Allie tu hermano es guapísimo y esta muy bueno”, “Que suerte ser tus amigas, cunado vayamos a tu casa podremos ver a Nick” y comentarios por el estilo. Allie prefería tener un hermano guapo que feo pero sus amigas llegaban a ser insoportables. Nick en cambio admiraba a su hermana. El tenía más facilidad para hacer amigo y hablar con la gente, pero Allie siempre sacaba unos resultados magníficos en el instituto y hacia cosas increíbles: se le daban muy bien la pintura y las manualidades, la música... A su hermana se le daban muy bien las artes. Él por otra parte no es que sacara malas notas pero sacaba peores, el dibujo se le daba fatal; tenía claro que el se dedicaría a otra cosa cuando fuera mayor.
Harry, el mejor amigo de los mellizos Habot, era parecido a Nick en cuanto a estatura y cuerpo, pero tenía el pelo negro y los ojos de un azul intenso. Tenía un moreno que hacía que se le destacaran los ojos y el pelo. A Allie le parecía muy guapo pero era su mejor amigo y no podía ser; lo bueno era que ella se llevaba más bien con Harry que Nick, aunque ellos era buenísimos amigos.  

Aquella tarde Allie tenía que ir a natación sincronizada a las 19:30 y su hermano a Judo a las 18:30 y el tiempo antes de que Nick se fuera, aprovecharon para hacer los deberes. Cuando le llegó a Nick la hora de irse el tiempo empeoró de repente: el cielo se volvió oscuro y empezó a llover. No había explicación alguna para eso, hasta ese momento el día fue maravilloso. Nick preocupado le dice a su hermana:
-¿Te parece esto normal, que cuando yo voy a salir se ponga a llover?
-No lo entiendo. Si hizo sol durante todo el día. Aquí no es que se diga que tenemos buen tiempo pero esto es muy extraño.
-Pues yo me tengo que ir igual. ¿Me puedes traer el paraguas, plis?- en ese momento se oyó el ruido de un trueno y el cielo volvió a la normalidad, un cálido día de Octubre. Nick y Allie quedaron totalmente estupefactos.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Prólogo

Hace trece mil años, existía una tierra donde mujeres, hombres y niños vivían con miedo de las peligrosas criaturas que vivían mas allá de los muros de sus ciudades.Nadie sabía con certeza como eran. Los que las han visto no vivieron para contarlo. Por eso les tenían tanto miedo. Cada persona que saliera fuera de la protección de las murallas de sus ciudades, no regresaba. Se mandaron expediciones para encontrar alguna pista del rastro de aquellas personas desaparecidas, pero es como si nunca hubieran salido fuera de los muros. Los ciudadanos de aquellas tierras sabían que esas temibles criaturas habitaban en los bosques y en las ruinas de antiguas ciudades, pero también sabían que atacaban por las noches. No tenían miedo de atravesar los muros exteriores de las ciudades, las noches les daban fuerzas, por eso les llamaban las “Bestias de la Noche”.

Pasaron meses y cada vez los ataques de las Bestias de la Noche eran menos frecuentes y los hombres de las ciudades aprendieron a combatir a las bestias: reforzando los muros, construyendo fosos llenos de picas donde si caías quedabas atravesado por numerosas picas de madera. Pero llegó un invierno, un invierno que todo el mundo pensaba que sería un invierno cualquiera. No duró ni más ni menos que otro invierno; pero fue más frío y más oscuro que todos los demás inviernos que tuvieron desde hace siglos. En ese invierno las bestias procrearon con otras bestias, creando otras aun más fieras y temibles. Atacaban las ciudades penetrando en el muro exterior e interior de estas. Había días que eran como noches y entonces los ataques no tenían fin. Solo de día podían reforzar más los muros y construir habitaciones secretas y subterráneas para que las Bestias de la Noche no los encontraran.  En ese invierno murió mas de la mitad de la población de cada ciudad, pero los que sobrevivieron consiguieron dejar escrito el feroz y terrible aspecto de aquellas criaturas. Había todo tipo de bestias: voladoras, marinas, terrestres, reptiles... Criaturas con picos tan afilados como el mejor puñal que existía, mandíbulas con la fuerza de una tornado, bestias más grandes que un elefante y más altas que una jirafa; bestias encapuchadas que nadie sabia lo que escondían debajo, bestias parecidas a lobos, a perros, a caballos pero con dientes tan afilados como un tiburón... De entre todas aquellas criaturas destacaban una como la más temible y peor: el Caperucio Huargo. Una mezcla entre el Caperucio Rojo y el Lobo Huargo. El Caperucio Rojo se reconocía por la capa roja que lleva al cuello (de ahí su nombre), era una bestia encapuchada con apariencia de animal que se podía hacer pasar por la cosa que mas quisieras en el mundo para atacarte y matarte. El Lobo Huargo es más simple: es un lobo que proviene del norte, pero es mucho más grande, fuerte e inteligente que los lobos normales. Así la mezcla entre ambas especies destacaba al Caperucio Huargo como la peor bestia de todas ya que es un lobo Huargo encapuchado con la capa roja del Caperucio Rojo y con sus habilidades.


De los pocos supervivientes que quedaron, algunos presenciaron los ataques de un Caperucio Huargo: como se dirigían a una persona y se transformaban en millones de monedas de oro, en los mejores banquetes del mundo, en personas queridas perdidas o en ti mismo realizando tu sueño. Tal era la tentación que sin remediarlo te acercabas a comprobar si era cierto aquello que veías, entonces las monedas, el banquete, tu ser querido... Abría la boca, no importa donde estaba situada, pero abría la boca y se abalanzaba sobre ti, ya como Caperucio Huargo, impidiéndote escapar. Te despedazaba poco a poco haciéndote sufrir hasta que los gemidos y gritos de dolor dejaban paso al silencio de la muerte.